De la incertidumbre al progreso: la historia de Flori y el poder de "Producir para vender"
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Hace cuatro años, Flori Dubón, productora de Santa Ana, Petén, aprendió que para mejorar sus ventas no bastaba con producir: también era necesario conocer el mercado y cultivar de acuerdo con la demanda. Hoy cuenta con una tienda que funciona como punto de acopio, genera empleo para más de 30 familias y ha logrado construir su vivienda y adquirir vehículos para transportar la producción.
Su historia es uno de los resultados del Modelo de Empoderamiento Comercial Rural (MEC Rural), impulsado por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA).
Cuando Flori recibió las primeras capacitaciones bajo la metodología Smallholder Horticulture Empowerment & Promotion (SHEP), promovida con el acompañamiento de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA), el panorama comercial para su producción era incierto.
El proceso le enseñó a dejar atrás la lógica de producir primero y buscar dónde vender después, para conocer las necesidades del mercado y orientar su producción hacia los productos y temporadas con mayor demanda.
"Fuimos capacitadas hace cuatro años por JICA y la verdad nos cambió bastante la metodología para comercializar. Aprendimos que debemos tener siempre una escala de productos para poder vender en todo tiempo", comentó Flori.
El aprendizaje se convirtió en una herramienta para diversificar sus cosechas y realizar sondeos e investigaciones de mercado. Con el acompañamiento del MAGA y el trabajo del Centro de Aprendizaje para el Desarrollo Rural (CADER) de Santa Ana, el grupo pasó de estar integrado por dos mujeres a reunir a más de 30 productoras organizadas.
A partir de ese proceso, Flori se convirtió también en un enlace comercial para su comunidad. Actualmente, en su tienda recibe productos elaborados y producidos por mujeres de la zona, entre ellos frijol, limón, cilantro, huevos y pollo amarillo, que posteriormente lleva a mercados de mayor escala.
Los resultados también llegaron a su hogar. Con los ingresos generados por esta actividad, Flori logró construir su propia vivienda, adquirir dos vehículos para el transporte de la producción y generar oportunidades de empleo para más de 30 familias vecinas.
"Nosotros no teníamos una casita ni un vehículo; ahora tenemos nuestra casa, contamos vehículos y podemos apoyar a diferentes personas dándoles trabajo, ya que contamos con dos locales comerciales. La metodología me ha cambiado la vida", relató.
La experiencia de Flori refleja el propósito del MEC Rural, adaptación oficial guatemalteca de la metodología SHEP: fortalecer las capacidades comerciales de los pequeños productores para que conozcan el mercado, tomen decisiones sobre qué producir y encuentren mejores oportunidades para vender.
Su historia muestra que el acompañamiento técnico, la cooperación y la organización pueden convertir el conocimiento en oportunidades concretas. En su caso, aprender a "producir para vender" no solo transformó la manera de comercializar sus productos, sino que abrió nuevas posibilidades para su familia y para otras mujeres de su comunidad.
